sábado, 13 de noviembre de 2010

Capítulo 5

-¡Qué buena idea, hija!, deberías enseñarle el pueblo- dijo mi madre, a ella también la odio, grrr. ¿Cómo podía decir eso? Está claro que está loca, eso o quería arruinarme la vida. La miré desesperada pero no me hacía ni caso. Me giré, obviamente con mala cara, y fui en dirección contraria. Le enseñé el pueblo rápidamente, ya que no había mucho que ver. Él se mostró simpático todo el rato, pero no me daba buenas vibraciones. ¿Y si tramaba algo? ¿Y si me raptaba porque era un loco psicópata? "Para ya", pensé. Estaba loca, cómo iba a hacer algo así con esos ojos tan bonitos. La verdad me encantaba, pero tenía que olvidarme de él.
- Bueno, y tú ¿dónde vives?- preguntó mientras íbamos a la heladería donde estaban mis padres.
- ¿Y a ti qué te importa?- pregunté de mala manera. Si nos hacíamos amigos no podría olvidarle.
- No hace falta que te pongas así- dijo riéndose, porque se reía, no había dicho nada gracioso- sólo era curiosidad. Jajaja- le puse una cara rara y se empezó a reír más fuerte. Pero qué bobo era. Sacudí la cabeza y seguí andando. Cuando llegamos a la heladería mis padres no estaban allí.
-Creo que mis padres se han ido a casa. Así que me voy- dije, esta vez educadamente. No se merecía que lo tratase mal. Él no había hecho nada. Puso una cara triste, no me podía hacer eso, ¿por qué?
- ¿Puedo acompañarte? Por favor, yo aquí no tengo ningún amigo- preguntó con la misma cara de pena.
- Vale- le contesté en tono cansado, sabía que lo hacía a posta, él no estaba triste, ¿o sí?
Llegamos a casa y mi madre lo invitó a cenar. De repente sonó el timbre. Fui a abrir la puerta.
- Hola- dijo Alicia.


CONTINUARÁ...

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